Recién llego a mi casa, prendo la computadora en búsqueda de alguna buena noticia futbolera, y me encuentro con que la inseguridad en México se ha hecho presente nuevamente en el fútbol mexicano, esta vez en la sultana del norte y con un extranjero que ha resultado bastante rentable para nuestro fútbol: el ecuatoriano Walter Ayoví. El jugador regiomontano fue despojado de su camioneta en la carretera.
No es raro encontrar actos delictivos y es aún menos raro saber que la ola de crímenes ha subido en nuestro país. El más vivo ejemplo de una pesadilla por la inseguridad mexicana yace en la memoria de Rubén Omar Romano, quien hace ya algunos ayeres cayó en las redes de unos secuestradores y permaneció cautivo alrededor de un mes. La AFI se encargó de liberar al técnico de nacionalidad argentina por medio de un ‘chivatazo’. Bendito dios, está tan recuperado de eso que se da el lujo de hacerle señas obscenas al público.
