Ser aficionado a un equipo es como enamorarse. Los más puristas dicen que para ser buen aficionado tienes que estar con tu equipo a muerte... los divorcios están prohibidos.
Yo no estoy de acuerdo. Así como en el matrimonio, cuando uno decide que la mujer a su lado es la indicada, idealmente es porque ha pasado por una serie de filtros, meticulosos análisis y razonamientos que han arrojado como resultado que ella es precisamente la persona con la que quieres estar toda tu vida.
De la misma manera, así como no puedes elegir a tu esposa a los 5 años, tampoco lo puedes hacer con tu equipo de fútbol...suena ilógico. A menos que vivieras en Medio Oriente y estuvieras apalabrado desde que naciste para que tu familia pudiera adueñarse de las tierras de tu prometida, sería poco saludable que a un niño le dijeran toda su vida: “Tu te vas a casar con Karlita, la hija del compadre.”
El amor y el fútbol tienen muchas cosas en común. Cuántas veces no nos hemos enamorado de la chava que “está de moda”. Sí, aquella niña nueva del salón cuyos padres se acaban de mudar a la colonia o la nueva chica de la recepción en la oficina. De pronto, todos resultan querer estar al rededor de ese halo de popularidad y comienzan a salirle aficionados por doquier.







