Escribo al tiempo que veo al Sevilla desbordarse en esfuerzos por remontar el marcador contra un poderoso Real Madrid que ya sueña con medirse ante su acérrimo rival en la final del torneo. Sin duda alguna esta edición de la Copa del Rey ha levantado revuelo por lo que significa el enfrentamiento de dos potencias del fútbol mundial en su máximo nivel futbolístico. El marcador se pone 1-0 para el Madrid y el sueño andaluz se derrumba, no sólo porque el Sevilla tiene un panorama adverso si no porque el Barcelona vapuleó al Almería con un 8-0 global sepultando así toda esperanza de volver a ver un campeón del sur de la penínsuña ibérica.
Me emociona saber que la próxima semana veré un encuentro casi poético del deporte más bello del mundo. Los minutos transcurren y Cristiano toma confianza para realizar jugadas de fantasía y a un par de segundos del final un flamante refuerzo madrileño del mercado invernal, el togolés Emmanuel Adebayor, le da a los jóvenes una cátedra de definición recibendo en el área chica con el pecho y de primera fusilando al arquero para sellar el 3-0 global, confirmando así mis deseos de una final de ensueño.
Yo no soy un experto del fútbol, soy un aficionado como muchos que se cuestiona por qué no tenemos esa calidad de este lado del Océano Atlántico. Cómo logra un equipo ser puntero en su liga, competir al máximo en la copa local y luchar de manera férrea por ser monarca de Europa.
No sé si algun experto me pueda decir cuál fue el último equipo en lograr ganar su liga y la Libertadores; o ya de perdida la CONCACAF y el Mundial de Clubes. Llámenme soñador, pero yo todavía estoy esperando que demos ese paso. Yo quiero un fútbol así...
