viernes, 25 de febrero de 2011

¿Por qué somos aficionados? :: Parte 1

A continuación, revelaré en este espacio una verdad que muy pocos conocen. Una verdad que lejos de avergonzarme me enorgullece y que aunque para muchos pudiera ser criticable para mi es el resultado de una evolución personal y por eso he decidido compartirla. Una evolución producto de muchos cuestionamientos y reflexiones pero también de azares del destino. Esta es una historia difícil de contar en un sólo post, por lo que seguramente la dividiré en dos o hasta tres partes según se manifieste mi diarrea verbal. No obstante, les invito no sólo a degustar la historia si no también a paladear la reflexión:

Durante los últimos 15 años de mi vida he portado la camiseta Chiva con orgullo. Desde los tiempos del "Pulpo" Zúñiga hasta el "Bofo" Bautista en su deplorable última edición he seguido al equipo y lo he apoyado en las buenas y en las malas. ¿Que si me considero un buen aficionado? La verdad es que si. Sin embargo esto no siempre fue así...

Mi padre nunca ha sido un fanático del fútbol, sin embargo por razones desconocidas desde pequeño lo he visto expresar su simpatía por el Cruz Azul y como todo mexicano, era uno de los 100 ideales que inconscientemente quieres trasmitirle a tu hijo. ¿Cuántos de ustedes no le van a su equipo por herencia o tradición familiar? Yo confieso que a los 5 años, sin saber cómo ni por qué, era un aficionado del Cruz Azul.

Es algo típico de nuestra cultura. En la gran cantidad de los casos los padres se encargan de meter en la cabeza de su niño los colores de su equipo favorito, y terminan imponiendo un amor irracional con argumentos como: “Eres Jarocho, tienes que irle al Tiburón” o “Tu bisabuelo era tercer portero del América, no puedes irle a otro equipo.” Es real, conozco padres Chivas que literal me han dicho: “La mayor decepción que me puede dar mi hijo es irle al América o ser puto...que para mí es lo mismo”

Me pregunto ¿Qué sería hoy de mi si hubiera continuado como aquel niño? Seguramente portaría el celeste con orgullo pero sería un frustrado más por tanto subcampeonato. No importa cuantas vueltas le de, la verdad de las cosas es que simplemente yo no veo una playera del Cruz Azul y se me eriza la piel. Hoy les puedo enumerar por lo menos 5 razones de peso por las cuales La Máquina no es mi equipo favorito (lo respeto y le admiro el nivel de los últimos años) pero para aquel novel aficionado cementero de 1993 no importaba ni el plantel, ni el estilo de juego, ni la filosofía y valores del club; así que el idilio entre los los chemos y su servidor estaba condenado a fracasar. 

¿Que cómo llegué a ser Chiva? Eso me lo guardo para la siguiente colaboración. En lo que trabajo la respuesta abro el debate tanto para mis compañeros en Aficion.com.mx como para nuestros lectores:

¿Por qué razón apoyan a su actual equipo? ¿Cómo comenzó este amor por los colores que hoy defienden? ¿Es una cuestión emocional o racional? Para mí... un poco de ambas, ya se darán cuenta. Por ahora me gustaría leerlos a ustedes. 

CONTINUARA... 

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