Han pasado 20 días desde la última vez que me senté a reflexionar sobre el fútbol mexicano. Honestamente, entre muchas otras cosas, una de las razones principales por las cuales detuve mis colaboraciones fue por un auto-cuestionamiento sobre si realmente estaba logrando el objetivo que me propuse al principio. Comencé de pronto a dudar si yo y todos mis compañeros colaboradores éramos un grupo de aficionados con ganas de expresarse o simplemente “no-expertos” intentando hablar como analistas profesionales.
No obstante decidí que, fiel a mi costumbre, después de hacer el más crítico análisis iba a enfocarme destacar lo positivo. Así que dejé a un lado los horrores de redacción y las faltas de ortografía, los temas desgastados y los lugares comunes, las crónicas habituales y las estadísticas intranscendentales para observar detenidamente nuestro comportamiento como colaboradores. Mi descubrimiento fue más allá de lo que pensaba encontrar pues, además de observar en cada una de las colaboraciones de mis compañeros profundos análisis y una pasión desbordada al momento de escribir, descubrí que durante más de dos meses de escritura constante a ninguno de nosotros se nos ha botado la canica y ha utilizado este espacio para agredir o desprestigiar a algún grupo o persona .
Se que dirán que es obvio, que tratamos de darle a esto la mayor seriedad posible y por lo tanto pretendemos mantenernos ecuánimes y objetivos. Sin embargo, quiero destacar la gran cantidad de casos en los que la anarquía del internet deriva en insultos, calumnias, amenazas y una serie de comportamientos humanos detestables. ¿Cuántas mentadas de madre recibirán Calderón, Slim, Ebrard y muchos más en internet?
Durante estos veinte días me ha rondado en la cabeza por qué en México el común denominador de la gente no sabemos trabajar en equipo. ¿Por qué no sabemos construir relaciones ganar-ganar en vez de buscar la forma de salir adelante pisando a quién se menta en nuestro camino? ¿Por qué no sabemos hacer comentarios constructivos? Pero sobre todo me pregunto por qué en México cada quien cree que es libre de hacer y decir lo que se le pegue la gana sin experimentar consecuencias.
¿Por qué al director del diario deportivo más importante del país se le hace fácil acusar al América y Necaxa de fraude desde su twitter personal? ¿Por qué a los aficionados se les hace fácil aventar vasos con orines en su estadio? ¿Por qué la tribuna puede insultar a todo un equipo y entrenador, pero cuando Romano hace una seña obscena pierde su trabajo? ¿Por qué no sabemos respetar?
Por qué como individuos creemos que el tener un derecho o una libertad como lo es la libre expresión, no nos implica una responsabilidad al ejercerla. Y no hablo sólo de los medios, si no de todos los individuos que nos tomamos la libertad de escribir en un Facebook, Twitter o Blog...o simplemente de salir a la calle y convivir con otros seres humanos.
Yo regreso recargado después de ver que comparto este espacio con un grupo de grandísimas personas. Me pongo de pié ante todos y cada uno de mis compañeros quienes sin ser “expertos” o “profesionales” siguen un código de ética que no les fue impuesto por nadie, ni está escrito en ningún lado. Un grupo de personas que saben que más allá de todos los problemas y sucesos que denigran nuestro deporte favorito, esto no es cuestión de fútbol...es cuestión de respeto.