Llamaba poderosamente la atención de todos los mexicanos el llamado de Jonathan dos Santos a la Selección mexicana sub-22, misma que encarará la Copa América que se celebrará en julio de este año. A su lado, figuraba otra joven joya en la persona de Carlos Vela. Ambos jugadores en Europa, uno teniendo las mejores críticas en fútbol español con el equipo de Barcelona, Jona; y el otro con no tan buena suerte en el Arsenal y ahora, pasando al equipo de West Bromwich donde, al menos, juega más tiempo, Vela.
Resultaba inquietante saber si, finalmente, Jona regresaría a la Selección después del "drama" que se vivió previo al mundial, cuando Javier Aguirre decidió recortarlo de la lista definitiva. Medios de comunicación, jugadores cercanos, incluso el padre de Jona, fueron figuras de este melodrama que terminó por sentenciar que el joven no regresaría a vestir la casaquilla verde; cuestión que se está viviendo. Sinceramente, considero que esto ya es demasiado grande, es decir, el muchacho no tiene las características de un Maradona o de un Pele y, honestamente, jamás le podrá hacer sombra a Iniesta o Xavi, si es que decide participar con la Selección de España; claro, eso si es considerado.
Haciendo un contraste y mostrando una madurez interesante antes "los golpes de la vida" o, mejor dicho, ante las decepciones futbolísticas, tenemos a Carlos Vela que se ha integrado de la mejor manera al grupo y que pidió entrenar con ellos al mismo ritmo. Vela ha sido, a pesar de la poca actividad que ha tenido, uno de los jugadores que, sin escatimar, se pone la playera de la selección y siempre, al menos así lo considero, da todo de sí; podrá fallar, podrá tener muchos errores, pero eso es cuestión de técnica, es un jugador diferente y, sin duda, digno y necesario para jugar con México.
Son dos polos opuestos, por un lado el joven maduro que quiere, por fin, mostrar que todas las esperanzas puestas en él durante el Mundial juvenil en el 2005, son reales. Un jugador que ha caído y se ha sabido levantar, un joven que ama el fútbol y no condiciona, por ningún motivo, su participación en la selección, estando en la banca, estando en la banda izquierda, estando donde le corresponde, pero siempre de frente a sus convicciones. Del otro lado, un "niño" berrinchudo que, no ha mostrado más que las declaraciones positivas de sus directivos en Barcelona, un Jona que tiene un futuro prometedor en España pero que su inmadurez lo ha mermado en la cartelera futbolística por su falta de convicción e inseguridad; un jugador con altas aspiraciones que, más bien, parecen sueños.
La selección no es un premio para los jugadores, entiéndelo, Jona. La selección es una responsabilidad más y, por cierto, la más grande de todas. Si eres convocado es porque creen en ti, y no precisamente porque necesiten de ti.
Información completa: ESPN