Resulta frustrate ver a un equipo así, un equipo que se jacta tener corazón y dejarlo todo en la cancha; claro, declaracioes de mismo entrenador que, al contrario con lo que muestran en la cancha, ya cansa no poder disfrutar un juego del América. Apenas hace unas semanas América lograba triunfos y parecía que las cosas iban tomando un buen camino. La realidad parecería ser rodeada por una sábana que no nos dejaba ver la verdad, y es que, como aficionado Águila, da pereza ver al cuadro crema.
Ya tiene un buen rato que América, simplemente, no la ve. Se ponía como pretexto al Sr. Lapuente que, de cierta forma, dejó un desastre en la Institución; más bien, contribuyó al desastre que, de años atrás, viene armando Michel Bauer y sus ecuaces. América no jugaba a nada, y no es que ahora lo haga, pero en ese entonces parecía no haber salida. Un equipo crema que no sabía salir, no sabía defender, no sabía anotar, incluso jugadores de la talla de Memo Ochoa y Pavel Pardo bajaron su nivel ¿Algo ha cambiado?
Con la llegada de Carlos Reinoso a la instotución parecía que las cosas podrían cambiar. Su llegada trajo consigo algunos triunfos y algo de orden en la cancha, aunque seguía faltando la profundidad y la coordinación necesarias para armar un buen equipo. Con el paso de los partidos, América fue encontrando el gol, sin embargo el orden era una cuestión pendiente. Venían partidos muy intensos como contra Toluca, Fluminense y Santos, de los cuales se salía victorioso y parecía que las águilas comenzaban a volar.
Justo cuando el sueño empezaba a tener forma, los aficionados nos encontramos con que, precisamente, era un sueño y nada más. Resultaba que América perdería contra Cruz Azul y de qué manera. Un desorden que ni con Lapuente existía, un desorden que hacía ver a las águilas como cualquier equipo llanero en donde todos quieren contribuir y hacerse los héroes y, al final, resulta en tragedia. La historia no cambiaba durante la semana y Monterrey derrotaría 2-1 al América para reafirmar que los triunfos cremas fueron por una buena combinación de fortuna y algunas muestras, pocas, de buen fútbol y no, precisamente, por un orden y entendimiento en la cancha.
Hoy, me uno a las tantas voces americanistas que queremos ver a un equipo ganador, un equipo ordenado en la cancha, un equipo que, más que corazón, muestre el mejor fútbol, muestre garra, entendimiento hasta con los ojos cerrados, un equipo que haga goles no por casualidad, sino por coordinación en líneas. Perdón, se me olvidaba que las cosas en el fútbol mexicano no se hacen para el aficionado, disculpa Televisa, disculpa Bauer, se me olvidaba que su marketing va sobre todo esto.