lunes, 24 de enero de 2011

Yo no me la compro.

Como cada semana, me disponía a ver, al menos, un partido de la jornada mexicana por la cuestión geográfica que me rodea. Iluso, quizá, quería ver a mi equipo ganar su primer partido de este torneo ante otro que no había mostrado lo mejor. Las águilas del América me decepcionaron, como ya es costumbre, el día de ayer. Ahora, el problema no son las águilas, ni los tigres; con excepción del partido de Cruz Azul contra Pumas, el fútbol mexicano da pena. 

Sin mostrar una actitud vendepatrias o, al menos, amante de lo europeo, el fútbol de la UEFA le aventaja, no años, sino años luz a lo que muestra la Femexfut. Ok, quizá me esté saliendo de la línea, pero ¿Acaso hay alguien, dentro de los 110 millones de mexicanos que en realidad crea que el fútbol mexicano puede hacer algo en las próximas competiciones internacionales? ¿A qué aspiramos realmente, a sólo estar presentes en ellas y no ser protagonistas? ¿A quitarle un lugar a una selección o algún equipo que, realmente, aproveche el momento? No soy un pesimista, en verdad creo en mi fútbol, pero no creo en la gente que lo maneja, no creo en la gente que sólo busca llenarse los bolsillos con más y más dólares. 

Resulta realmente frustante ver que nuestro fútbol no figura internacionalmente, son los mismos los jugadores recordados, son las mismas las hazañas recordadas, pero ¿Dónde quedan las nuevas generaciones? A mí no me venden la idea de que tenemos la mejor generación, ni siquiera teniendo a Giovanni Dos Santos en Tottenham, Carlos Vela en Arsenal, Pablo Barrera en West Ham, Efraín en Celtic o Javier Hernández en Manchester; de hecho, este último, es el único referente claro del fútbol mexicano... La razón, sencillamente el fuerte trabajo y la responsabilidad que ha tomado el joven mexicano para con el equipo rojo. Fuera de esta situación especial, los jugadores mexicanos y el fútbol mexicano no son tomados en serio.

Ver las cosas desde otra perspectiva ayuda mucho a la solución de problemas, lo más grave es que, incluso estando en México, sabemos cuál es el problema, sabemos quiénes son parte del mismo y, lo peor, sabemos cómo resolverlo. Directivos, dejen de hacerse tontos, dejen de jugar con la afición, y el dinero de la afición; televisoras, dejen llenar sus bosillos con basura, dejen de vender ideas de esperanza a un país que le falta mucho progreso para ser Campeón del Mundo; jugadores, simplemente, hagan lo que saben, jueguen al fútbol, pero al fútbol romance, aquel que practicaban las leyendas, aquel que enamoraba a la vista con jugadas vistosas. Hoy, el único enamoramiento queda en los ojos de jugadores con los millones de dólares que ganan, fuera de ahí, la soberbia y prepotencia reina en todos y cada uno de lo miembros de la familia futbolística.

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