jueves, 13 de enero de 2011

¡Lávense las manos!

Recientemente se nombró al nuevo Presidente Deportivo del Guadalajara. Mientras mis ojos observaban dicha noticia no pude evitar soltar una carcajada frente a la pantalla de la computadora y pensar: ¿Hasta cuándo los altos mandos de las empresas del Fútbol Mexicano van a seguir tratando de hacernos creer que entre varias personas se toman decisiones importantes?

Encuentro un tanto molesto que suceda esto en nuestro país. “Rafael Ortega es presidente de Chivas”; señores, todos sabemos que esto es mentira y el único ‘manda más’ ahí es Jorge Vergara. No se hace algo si no lo aprueba este señor o en su defecto su esposa (cuando al líder chiva le gana el amor). Ortega llega a cubrir un poco de las pedradas al alto mando, cosa que personas como Rafael Lebrija, Pedro Saez, Néstor de la Torre y Juan José Frangie se cansaron de hacer.

Otro ejemplo, esta vez en forma de cadena. El club América tiene como director deportivo a Jaime Ordiales para que dé la cara por los malos resultados y las compras de jugadores inútiles. Al haber escuchado la gente demasiadas excusas burdas de él, sale Yon de Luisa a las conferencias de prensa. Toda vez que ya manchó su imagen con declaraciones lamentables sigue Michel Bauer. A fin de cuentas aquí yo encuentro un resultado. Si volteamos a ver las manos del señor Emilio Azcárraga Jean, dueño de las Águilas, encontraremos que no hay rasgos de mugre. Esa es la función de los directivos de un equipo, simplemente cubrir a su líder y recibir balazos por él.

¿Las funciones administrativas dónde quedan? Sólo ellos saben; y estas cadenas de mando y “presidentes deportivos” a su vez sólo buscan una cosa: que el poder del fútbol mexicano siga radicando en las televisoras. Los directivos cubren a presidentes, los presidentes a los dueños de equipos, los dueños de equipos al dueño de la Federación Mexicana de Fútbol y, una vez que la imagen de todos los anteriores ha quedado manchada, los aficionados se quedan sin explicación a varias cuestiones: ¿Quién termina siendo el responsable de que el fútbol mexicano baje su nivel de forma estrepitosa?, ¿Quien termina siendo responsable de la injusticia en el nivel de competencia?, ¿Por qué se debate y no se cambia nada?, ¿Si Justino Compeán es tan buen empresario, por qué sólo deja que le echen tierra y no hace algo?. ¡Claro! Todos ven a este señor como el culpable, mientras algunos otros como yo, nos rascamos la cabeza un tanto confundidos observando al señor Emilio Azcárraga jugar con unas marionetas simpáticas; eso sí… jugando con unas manos que brillan de limpias, pues como su padre le enseñó: después de agarrar dinero, uno debe lavarse muy bien las manos.

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